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Difícil de Entender

>> miércoles, marzo 11, 2009

Me llama la atención el caso ahora muy sonado, el de la 'francesa secuestradora'. Todos ahora reaccionan como si la justicia Mexicana fuera ejemplar, como si la justicia Mexicana fuera la más perfecta del mundo, o como si simplemente cumpliera sus propias leyes.

Creo que a pesar de que los Senadores le quisieron aplicar al Primer Ministro de Francia, la ley mordaza (quisieron callarlo pidiendole que no hablara del caso, y que él obviamente no les hizo caso); con todo lo que esta sucediendo en Mexico, no esta de mas mencionarlo: secuestros, robos, autoridades coludidas con el crimen, etc. pienso que Francia no cree que Mexico tenga una justicia ejemplar, ni que esté cumpliendo a cabalidad o inteligentemente ni mucho menos.

El Presidente Frances, dijo algo, que creo pocos Mexicanos lo entendieron:
Dijo que él se ocupa de sus conciudadanos, a pesar de lo que hayan hecho, donde quiera que lo hubieran hecho.

Y digo que es difícil de entender, sobre todo para el Gobierno y Justicia Mexicana. Y si usted no entiende esas palabras, le quiero mostrar dos casos:

Caso 1:


“Defensores molestaban al gobierno”

AYUTLA DE LOS LIBRES, Gro.— Los conocían como “los abogados de los indígenas”, por la lucha que Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas, dirigentes de la Organización para el Futuro del Pueblo Mixteco (OFPM), libraron en la Costa Chica de Guerrero por el respeto a los derechos humanos.
A pesar de contar sólo con estudios elementales, realizaron una intensa gestión social, hasta que el pasado 20 de febrero sus cuerpos fueron hallados en la comunidad de Las Cazuelas, municipio de Tecoanapa.

(...)

Ambos fueron detenidos el 13 de febrero por sujetos armados que se identificaron como policías, ante la vista del pueblo. Se encontraban en la secundaria Plan de Ayutla, en un evento de la Secretaría de Educación en Guerrero.

Los familiares de los activistas dicen que en ese acto participó el director de Seguridad Pública municipal, Luis José Sánchez, quien junto con los policías que lo acompañaban, se retiraron luego de que recibió una llamada.

Al poco rato llegaron los hombres armados, quienes subieron a los luchadores sociales a un vehículo sin placas y se los llevaron.

Para el coordinador del Centro de Derechos Humanos Tlachinollan, Abel Barrera Hernández, los líderes se interesaron en los problemas de los pueblos indígenas.

Rogelio Téliz, integrante de este organismo, comentó que las denuncias que más recibían eran en contra del Ejército mexicano, policía ministerial del estado, policías preventivos y autoridades gubernamentales.

Recordó que en 2007, Lucas y Ponce fueron detenidos e interrogados por soldados sobre las actividades que desarrollaban y el por qué encabezaban movimientos sociales, además de que los querían vincular con guerrilleros.

Un día después de los funerales de las víctimas, el pasado martes, los habitantes de las comunidades del municipio de Ayutla de los Libres, platican —en lengua mixteca— que a “lo mejor por miedo”, la autoridad los mandó a secuestrar y matar.

Según dicen sus amigos, “eran muy queridos por los indígenas mixtecos, tlapanecos y mestizos”. Los pobladores dicen sentirse molestos por su muerte ya que no hacían mal a nadie. Sólo molestaban al gobierno, porque siempre luchaban por los presos y denunciaban las arbitrariedades que cometía el Ejército.


Caso 2:

Una indigena que secuestró a 6 AFIs armados:

¿Plagiaria o víctima?
Para llegar a ella hay que rebasar la ciudad de Querétaro y luego tomar una carretera secundaria. Al poco rato se aparece la doble mole de los penales: de un lado del camino los hombres y del otro lado, las mujeres. Luego recorre uno a pie una larga, solitaria y estrecha calle

¿puede creer lo que le ocurrió, usted entiende por qué la metieron a la cárcel?

—Como que no puedo creer, no puedo creer que cómo qué fue, pos como que no es realidad, como que es este, como que nada más un sueño, como que estoy aquí nada más por un sueño… nada más, porque no puedo creer… ahora me dicen de que sentencia, de que delito, mis compañeras y mi maestra.

—¿Secuestró usted a seis agentes armados de la AFI, de la PGR?

—Pues ellos la que me dicen… ellos la que me están poniendo ese delito, porque yo nunca la hice eso… y ni lo sé que es secuestro ni lo que me estaba acusando… yo no entendí nada.

—¿Qué paso entonces aquel 26 de marzo de 2006?

—Ese pues fue un día domingos… yo en mi trabajo me dedicaba, yo vendía mis aguas frescas en el tiangui… y ese día pues ya cada ocho yo… este, como toca tres veces la campana y ya la última cuando entro yo adentro a la iglesia… entré a misa, cuando salí pues escuché decía la gente que habían llegado unos señores a llevar los discos… entonces yo ni le hice caso, agarré y me senté en mi puesto… entonces ya, otro ratito, estaba yo esperando a mi esposo y no llegaba, llegó una de mis hijas y le dije compáñame a la farmacia porque a mí me da pena que me inyecten… así le dije y me compañó una de mis hijas, cuando ya veníamos de regreso venía un señor, que venía ahí con unas personas… y es que la que escuché que estaban hablando de los discos. —¿Los discos pirata?

—Sí, sí, yo de eso estaba escuchando, pero yo ni… luego salí en el periódico.

—¿Luego se la llevaron a Querétaro unas semanas después?

—No, lo del tiangui fue en marzo, lo de que me fueron a traer fue hasta agosto… pero yo no sabía quién eran, no más que muchos con armas por todos lados.

—¿Le dijeron por qué la detenían?

—Que porque iba a declarar por un árbol tumbado… luego ya en el juzgado me dijo que no’más iba a declarar… y ahí pues estaban hablando y todo… y hacían papeles… y me daban muchos papeles a firmar y yo firmé muchos papeles y ni sabía qué era porque no entendía… luego, ya en la noche, me trajeron a la cárcel y así estoy aquí.

—¿Cómo han sido estos casi tres años?

—Se me hizo bien largo, bien largo… ya de por sí estos años son muchos, ya he perdido tiempo, mucho tiempo para mis hijos, para mi familia, para mi casa.

Santiago Mexquititlán es un pueblo sosegado donde el sol sale tarde y la noche se acuesta temprano. Apenas tres mil habitantes y seis barrios ñhä-ñhú a dos horas eternas de la cárcel de Querétaro. Ahí están la paletería y heladería de la familia que encabeza Guillermo Francisco y la casa común donde en torno al cuadrado de un patio limpio y terroso se ha ido acomodando la familia con hijos y nietos. Luego en la plaza y a la sombra de la cruz de la pequeña iglesia, familiares y testigos me juran y perjuran que todo ocurrió como me lo ha dicho ella: llegaron los seis muy armados y sin uniforme a destruir y a robar; se acobardaron cuando el pueblo empezó a rodearlos; pidieron ayuda; sus jefes se comprometieron a reparar el daño con dinero; dejaron a uno en garantía; regresaron y pagaron. Pero se desquitaron cinco meses después con Jacinta, con Teresa y con Alberta, con quienes también hablé en la cárcel.

Al salir de Santiago me traigo a México muchas voces adentro del pellejo. Pero me desgarra el llanto de Estela, la hija, cuando me enseña los estandartes de las procesiones religiosas a que convocaba Jacinta que siempre andaba visitando enfermos y moribundos. Y cuando me muestra el jardín reseco porque me asegura que las plantas extrañan a su madre. Así que prefiero quedarme con la esperanza de Jacinta cuando me dice que sí, que cree en que Dios y la gente la ayuden para recuperar su libertad.

—¿Me va a invitar algo ahora que salga?

—Claro que sí, unos nopales bien sabrosos y, si alcanza, hasta pollo.


Independientemente de que si Cassez es culpable o inocente, entiende al Presidente francés?

Ahora entiende qué le falta a México?

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